8/27/2018 8:03:48 AM
Cima del Monte Meru
 
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Fragmento de La Reencarnación de Buda en Jonte y Lope de Vega.

(Viene de Juan Bautista Alberdi y Olivera)

Como todos los días, esa mañana se habían vestido con ropas de fino hilo blanco y, abriendo de par en par las grandes puertas de madera, caminaron en dirección a la vertiente.

Al dejar atrás la galería externa se dirigieron hacia el este y pudieron ver los primeros rayos del sol que, atravesando como flechas las ramas de los árboles, los encandilaban por instantes al compás de las ráfagas de viento.

El vano situado del lado opuesto de la sala mostraba todavía la noche cerrada y el abismo inasequible.

Cruzaron primero el jardín interno lleno de genistas y cerezos; luego, fuera del recinto, se dirigieron hacia un bosque silvestre donde abundaban antiguos cedros deodara y tsugas.

Escuchaban los sonidos del ambiente mientras animales salvajes sin temor los interceptaban en su andar, pues por piedad estaba desde siempre prohibida la caza cerca de los monasterios.

Algunas inmensas rocas planas formaban un dique natural del cual caía en cascada el agua helada y transparente.

Allí se bañaron para luego volver en silencio sobre sus pasos.

Al llegar, Tilopa prendió el fuego con pequeñas astillas, preparó el té y, cuando estuvo listo, se sentó a beberlo junto al Maestro, quién notó cierto nerviosismo en su discípulo.

—¿Qué es lo que te inquieta, Tilopa?

—He pensado toda la noche…

—No es bueno pensar toda la noche.

—Lo sé, pero no he podido evitarlo.

—¿Hablas de la llegada del Buda, cierto?

—Sí. ¿Cómo puede usted anticipar el suceso? ¿Tal vez leyendo el firmamento?

—Oigo lo que no escucho, miro lo que no veo, saboreo lo desazonado, la transición disuelve la frontera, la transición de las cosas.

—¿Se refiere a la reencarnación, lo que muta y se transforma o lo que nace de la nada?

—A superar lo llamo grande; grande se llama que se va; que se va se llama alejado; alejado significa que vuelve.

—Maestro, su frase ha perdido a la persona que realiza la acción. ¿Quién se aleja? ¿Quién vuelve?

—En la sala no hay nadie mirando nada, ni descifrando suceso alguno en el cielo estrellado, es por eso que llega el conocimiento.

—Si no existe nadie observando nada… ¿Cómo puede asegurar que un Buda reencarnará en América?

—Cuando meditamos profundamente estamos indiferenciados, no existe la dualidad del yo y el ello, de lo interno y lo externo, del pasado y el futuro. La mente se derrite como la cera de una vela y el conocimiento llega porque está allí a disposición, ya no es necesario el esfuerzo.

—¿Por qué sigo esforzándome, pensando que soy yo el que debe acceder a algo que sucede fuera de mí?

—Se trata de una disciplina sin disciplina y de un método sin camino.

—¿Cómo superar la dualidad, Maestro?

—Cuando nacemos estamos indiferenciados, no logramos distinguir el mundo de nuestro ser; es más, creemos que nuestro cuerpo y el de nuestra madre son uno solo. ¿Acaso tú puedes decir que una creatura recién nacida no siente intensamente su propia vida? ¿Que no conoce? Nacer es un suceso, un episodio que se anticipa con señales, pero el nacimiento de un ser es la culminación de un proceso.

—Maestro, vemos señales extraordinarias en el cielo, pero lo que sucede está madurando desde siempre. ¿Es eso lo que me dice?

—Debemos primero romper el mito del hombre que elige y actúa, para luego aceptar que es una maduración. Como místicos no somos individuos predicando verdades reveladas, ni profetas anticipando guerras, lluvias o sequías, ni adivinos leyendo en el vuelo de los pájaros o las vísceras de animales el resultado posible de las batallas.

—Pero si todo eso no es… ¿Cómo puede usted anticipar el suceso, ver el tiempo madurando la  llegada de un ser perfecto?

—Somos sólo hombres meditando en la montaña. Si caminando por un sendero encuentras a tu paso un cerezo lleno de frutos maduros… ¿Qué has hecho tú para acceder a esa delicia que se te ofrece de manera sobreabundante? ¿Acaso te has esforzado? ¿Acaso la mereces? Simplemente te maravillas y la disfrutas. Del mismo modo, conocer es algo que se nos ofrece cuando vamos más allá de la dualidad. Tilopa, contéstame: ¿De dónde viene aquello que se produce incansablemente ante nuestros ojos pero que no se ve?

—Ya no puedo seguirlo, Maestro…

—Los acantilados en la orilla del mar, las olas gigantescas estallando y la playa enorme llena de arena. ¿Qué me puedes decir de este majestuoso paisaje?

—Que las olas con su fuerza rompen las rocas y forman la playa de arena.

—¿Alguna vez has visto cómo una ola al chocar contra una roca forma un grano de arena? ¿Has presenciado ese instante? Nunca ha existido para nuestra mirada. Sin embargo, la inmensa playa está allí, y al recorrer la orilla nuestras piernas mojadas se llenan de yodo, caminamos como niños mirando lo que no vemos.

Luego permanecieron en silencio.

(Continuará...)





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