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10/29/2018 4:30:16 PM Cima del Monte Meru Novela

(Fragmento de la novela La reencarnación de Buda en Lope de Vega y Jonte)

(Viene de Jonte y Lope de Vega Parte 2)

El gato blanco apareció una mañana paseando por el bosque y nunca más se alejó del Maestro y su discípulo.

Compartía con ellos la vida doméstica y dormía habitualmente en el centro de la habitación. Como todos los gatos, evitaba los rincones y los sitios donde la energía suele estancarse.

Cuando meditaban, se les acercaba lo máximo posible, pero el Maestro había impuesto severos límites para que no se trepara a sus regazos.

Entonces se recostaba y entraba en éxtasis de inmediato. Permanecía durante horas relajado y natural. Lo habían bautizado Jánaka en homenaje al rey iluminado del antiguo libro de sabiduría hindú Ashtavakra Gita.

El Maestro afirmaba que la mente era como un mar embravecido. Las enormes y temibles olas estaban en la superficie, mientras en la profundidad del océano, así como en lo profundo de nuestro ser, reinaba la calma y, cuanto más hondo se llegaba, más serenidad se encontraba. Decía que la meditación era la habilidad de llegar a lo profundo de nuestro ser para permanecer allí. También, que Jánaka meditaba mejor que ellos, pues se conectaba de manera directa con el cosmos, sin necesidad de apagar las voces de su mente ni el fuego de sus emociones.

—¿Cómo sabe una persona el camino que debe seguir? —comentó Tilopa por la tarde, mientras tomaban el té.

—¿Qué has pensado?

—A veces en continuar esta vida mística en busca de la iluminación, otras en volver al mundo como pastor o artesano y formar una familia. Cuando miro desde estas alturas los diminutos techos de las casas, el humo de los fuegos hogareños, los niños acodados en las ventanas, las mujeres cocinando algo delicioso, me imagino la felicidad que dan las pequeñas cosas de la vida y siento intensamente el deseo de estar allí.

—El hombre que se sienta por muchas horas al día y permanece así durante meses y años, se enfrenta con el abismo. Primero reproduce en el microcosmos de la meditación el macrocosmos de su vida. Cuando se va limpiando de sí mismo, las dualidades desaparecen y quedan dos caminos. Uno es sentir la dicha y la devoción, porque de dicha estamos hechos. El otro es volver a la dualidad de lo impermanente. ¿Qué buscas? ¿La aprobación de los demás? ¿Mi aprobación? De niño has conocido la felicidad de vivir en una familia que te amaba. Porque todos somos hijos de alguien. Incluso los que deciden no tener descendientes ni adoptar huérfanos son hijos de personas que tuvieron el coraje de traerlos a la vida. Están en el mundo porque les han hecho ese regalo. Luego has tenido la experiencia de cuidar un rebaño en las montañas y también la dicha que te da la paz interior. ¿Te tienta acaso el dinero, el poder, los cinco sentidos, completarte con una mujer, tener descendencia, recorrer el mundo, experimentar el deporte, la guerra, el conocimiento, la expresión del arte, compartir con amigos, buscar la liberación de tu ser como discípulo en esta montaña sagrada?

—Soy un privilegiado Maestro, lo sé.

—Es correcto Tilopa, estás siendo cuidado. Hagas lo que hagas con tu vida, estarás siendo cuidado. Entre las personas y la muerte hay un espacio. Es el espacio de los proyectos. Un ser humano sin proyectos queda enfrentado al abismo. De allí la tendencia al activismo, a estar de pie moviéndose todo el tiempo. Muchos prefieren hacer cualquier cosa con tal de no ver ese rostro. Es una manera de protegerse. Estar quieto puede ser actuar. Moverse y moverse puede ser no actuar. Siempre hay hombres de rodillas, acostados, sentados, de pie. Se puede rezar, amar, dormir, trabajar, morir en cualquiera de esas posiciones. Algunos no pueden estar sentados, ni arrodillados frente a Dios, ni acostados, pues casi no logran dormir, sus proyectos son demasiado importantes para perder el tiempo durmiendo. Viven de pie y mueren precozmente. El que calla su mente queda hueco y vacío, de esa forma puede diferenciar si actúa o activa. Una cosa es agitar y otra, agitarse. La acción genera mejora; el activismo, desgaste y confusión. La quietud puede ser equilibrio, resistencia, agresión o parálisis. Si preguntas en un templo budista a los monjes por qué están allí, te dirán que tratan de liberarse buscando el Nirvana. Si les preguntas si lo han alcanzado te dirán que no, pero que lo desean. Te digo que si lo desean nunca lo alcanzarán.

—¿Entonces?

—No debes meditar para liberarte, lo haces porque esa es tu verdadera naturaleza. Debes soltar, dejarlo ir. Vivir relajado y natural. Si esto es confuso para ti, deja ir eso también. Un joven poeta llamado Arthur Rimbaud decía que la acción inadecuada es una manera de estropear cualquier fuerza genuina.

—¿Usted lee poesía, Maestro?

—Desde hace muchos años leo poesía en varios idiomas, es allí donde busco la sabiduría. Las doctrinas y los libros sagrados me aburren un poco a esta altura, son para las clases sacerdotales, que se imponen a sí mismas la pesada tarea de conducir las sociedades. Pero nosotros, aquí en las montañas, meditando y respirando aire puro y perfumado, con solo leer a los poetas podemos cruzar el río.

—¿Qué río?

—Es una metáfora, Tilopa. Tengo una propuesta que puede liberarte de la agitación de vikshepa y de las dudas de kshobha.

—Eso me entusiasma, Maestro

—En vez de elegir entre continuar tu vida en este monasterio o bajar para vivir en algún pequeño poblado, te propongo que me acompañes a recibir al Buda.

—Maestro, no puedo creer lo que escucho. Es maravilloso.

—Eso supone asumir la incomodidad, abandonar el monasterio, viajar miles de kilómetros, atravesar océanos, alimentarnos con comidas extrañas a nuestros gustos y costumbres, entrar en relación con todo tipo de personas. O peor aún, no encontrar nunca lo que buscamos. Tal vez perdernos para siempre, tal vez morir.

—¡Es la aventura más extraordinaria que jamás pensé vivir!

—Tilopa, miramos lo que no vemos y seguimos parados en la playa con los pies mojados llenos de espuma yodada, sin entender qué fuerzas han generado el paisaje estremecedor que nos contiene. ¿Estás dispuesto?

—Sí.

—Entonces de aquí en más viviremos en dos tiempos: el tristemente maravilloso y el tristemente vertiginoso.

El discípulo estalló de alegría, se incorporó y empezó a correr en redondo por la sala, el Maestro reía. Jánaka, asustado, se refugió detrás del brasero. Luego de unos minutos, como Tilopa no lograba serenarse el Maestro dijo:

—Muéstrame tu mente y te daré serenidad.

Y Tilopa sin dejar de correr contestó:

—Cuando busco mi mente no doy con ella.

—Bien, entonces ya estás en paz.

Luego se incorporó y rozó la cabeza del discípulo con su mano derecha y un relámpago lo colmó de conocimiento.

 

Más fugaz que el brillo de una hoja llevada por el viento, esa cosa, la vida.

La casada sin hijos… ¡Con qué ternura toca las muñequitas de la tienda!

Ciruelo de la orilla… ¿El agua se lleva de veras tus flores reflejadas?

Desde las gradas del templo alzo a la luna del otoño mi verdadera cara.

 

 

 


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