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1/29/2016 10:23:41 AM Del, de, de los. Prosa

Distraídos en la fantasía del trabajo, concentrados en asegurar su tiempo útil, desconocieron la inutilidad esencial del tiempo y los espacios recorribles sin propósito alguno. A partir de allí se fueron olvidando sin darse cuenta de casi todo: 

De los amores redondos, del sabor de las frutas, del olor fresco de la sombra bajo los árboles, de la suavidad extraordinaria de la piel de la boca, del perfume del sexo, del fulgor de las miradas cómplices al escapar hacia la alcoba, de la frescura de las sábanas bordadas con flores y los sonidos agudos de la cama con resortes.

Cuando terminaron de olvidarse, ya tenían parte de su futuro materialmente asegurado en espacios controlados y seguros, ellos creían…

Pero pasó lo de siempre. Caminando, abrazados, besándose cada tanto, pasaron cerca de ellos dos  enamorados. En ese instante, involuntariamente, recordaron el tiempo inútil, o sea la inutilidad esencial del tiempo y los embargó súbitamente la envidia… la nostalgia de la caricia, el desasosiego de saber que era una posibilidad real para ellos volver a enamorarse.

De los amores redondos, del sabor de las frutas, del aroma del tiempo, del color del espacio, del brillo opaco de las tristezas, del fulgor, de los botones pequeños de las mangas de las camisas, de las viejas fotocopias amarillas con poemas desprolijos, de las hormigas de los jardines donde siempre suceden cosas inexplicables.