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3/31/2016 8:15:00 AM Cualquiera Prosa

Atravesaron paredes,  mares,  rocas ígneas, abismos, prejuicios, temores, avenidas, estaciones, millones de años para encontrarse a la intemperie de una esquina. Cualquiera.

Atravesaron la posibilidad de lo azaroso para que dos coexistan en un espacio,  tiempo, lenguaje, idioma, en la historia de las conversaciones comunes, en los gustos  y proyectos posibles de ser discutidos en un bar. Cualquiera.

Atravesaron la sordera que impide oír al otro, verborragias, egolatrías, superficialidades, tonteras,  clichés, formas huecas que se deben, quedan bien,  aceptables y  decorosas.

El temor a mostrarse  y la dualidad de no saber quiénes eran, que hacían juntos esa noche… atravesando el espacio infinito a millones de kilómetros por hora, con la ilusión de estar quietos y firmes, sentados en dos sillas Thoné desvencijadas, atornillados a la superficie de un pequeño planeta del sistema solar llamado tierra. Cualquiera.

Atravesaron el miedo, la envidia, la incertidumbre, la pobreza  de no tener un peso para soportar lo que sentían. Ríos de miedo infinito por el futuro, ríos de oscuridad absoluta sobre su destino en lo inmundo de la historia, lanzados a la historia, atravesados por el tiempo brutalmente inhumano de lo económico.

Se dieron cuenta cuando se tocaron sus almas, se reconocieron y caminaron de la mano hasta la cama más cercana. Cualquiera.

No tenían un peso, pero eran millonarios. Cuando la saliva se mezcló en sus bocas se formó un sabor nuevo que se parecía a tomar un vaso de Dios.

Se salvaron de sí mismos, de la intemperie de la esquina, atravesaron carne, piel, huesos, órganos, miradas, sangre, flujos y el olor de los ladrillos de las paredes que respiraban para soportar la intensidad con la que se atravesaban. Se penetraron hasta donde solo es posible el placer más absoluto y la muerte. Cualquiera.

Sin darse cuenta de lo que hacían sus mentes no funcionaban, como viejos relojes  a cuerda sus cerebros eran mera resaca a la hora de pensar. 

Después se desmayaron, extenuados del examen, la jornada, la guerra, ya sin fuerzas la vida los tenía a ellos.

Entraron dos en esa cama.

Se escondió la luna.

Agua, tierra, aceite, fuego.

Salieron tres.

Cualquiera.